[ROLEO PRIVADO] Costa Negra

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[ROLEO PRIVADO] Costa Negra

Mensaje por Entidad el Dom Jul 10, 2016 6:22 pm

Costa Negra - Parte I



La noche pasaba serena. El regocijo de lujuria y alcohol impregnaban el aire lúgubre de la taberna, que esta noche se encontraba a medio ocupar. Algo particularmente aprovechable por los que desean pasar desapercibidos; como Yatra y su sedicioso grupo, que de más en más iban cavando más profundo los cimientos de una revolución. Aunque en esta oportunidad, se tomaban una pausa entre burbujas de alcohol.
 
Las tabernas son un buen lugar para encontrarse con un información jugosa, esta vez no dejaría de ser diferente. Al otro lado, un grupo de personas conversaba.
 
—¿Han oído lo que ha sucedido en la ciudad de Aequoris? —susurró una mujer a uno de los hombres que le acompañaba.

—¿Sucedido? ¿qué chisme traes contigo, mujer? —farfulló.

—¡No es ningún chisme! está confirmado…

—¿Por quién? ¿tus cerdos y gallinas? —interrumpió otro de los hombres, enzarzando sus palabras con agrio sarcasmo—. Sea lo que fuere, no creo que sea algo muy grande.

—Por supuesto que lo es, la ciudad está vacía. ¡No queda nadie ahí! —la mujer intentaba mantener su compostura y no exaltarse demasiado—. Todo mundo ha muerto o se ha ido, su Señor los abandonó.

—Vamos, mujer ¿cómo es posible que algo así suceda? —echó un sorbo a su trago— ¿crees que una ciudad como Aequoris sufriría de una calamidad como la que profesan tus labios? falacias, nada más que falacias contadas por una mujer que le cree a los bardos ebrios.
 
La dama se sentía humillada por el que parecía ser su marido, abrió su boca nuevamente en un intento por refutar sus palabras, pero la cerró tan inmediato se dio cuenta que sería en vano ir en contra de la marea.
 
—¿Y qué si sucedió algo así? —intervino otro de los acompañantes, este parecía más desdeñado y no le importaba mucho disimular el volumen de su voz—. Ya venían rumores de que algo así pasaría, miren nada más cómo su Señor derrochó todo el dinero en soldados que luego echó por la borda.
 
Estas palabras no pasaron desapercibidas por los oídos de Yatra, que se levantó de su silla, mientras sus soldados estaban absortos en una apuesta de tragos y monedas. Se acercó a las personas que conversaban en el otro rincón, con algo de calma para no exaltarlos. Era un forajido, debía mantener un bajo perfil, así que no preguntaría más de lo necesario.
 
—Eh, disculpe, señorita…

—¡Lo que faltaba, un pordiosero! —apuntó el esposo malgeniado que no dio tiempo de terminar su sentencia, cuando sacaba una pequeña moneda de plata de su bolsillo y se la entregaba a Yatra que le miraba perplejo—. Anda, ya lárgate, no hay más que esto.

—Oh, no, no me malinterprete, no quiero su dinero, amable señor —le devolvió la moneda con el atisbo de una sonrisa en su rostro, a pesar del insulto—. Sólo quiero algo de información, sobre lo que hablaba la encantadora señora aquí presente.

—Encantadora, por favor —los halagos premeditados no hacían gracia a aquel hombre—, pregunta lo que tengas que preguntar y lárgate.

—Con gusto, muchas gracias por su paciencia, señor.

—Pu-pues, ayer estaba en el mercado y algunas personas comentaban con horror lo ocurrido en Aequoris —la señora parecía indecisa sobre si soltar o no más información.

—¿Lo ocurrido? —Pero obviamente, Yatra no se quedaría sólo con eso—. Disculpe mi intromisión y quizá mi abuso, pero me encantaría escuchar todo aquello.

—Ahm… pues —lanzó una mirada escurridiza a su esposo, que con su malhumorado rostro asentía dándole el visto bueno—, tal cuentan las malas lenguas que la ciudad se convirtió en un poblado fantasmas. Todos partieron o peor, murieron. No se sabe bien qué ha sucedido, pero todos culpan a su Señor. Ahora la ciudad está completamente abandonada. Eso fue todo.

—Abandonada ¿eh? ¿y puede confirmarme esto?

—Ya sabe que en los mercados se dice mucho, algunas cosas falsas y otras verdaderas. Pero por el ánimo y terror de las personas, parecía ser verdad.

—Entiendo —ya su cabeza maquinaba—, muchas gracias por vuestro tiempo, señores y a usted especialmente, mi señora. Me retiro.
 
Ninguno alcanzó a despedirse, sólo voltearon la mirada a otro lado, al mismo tiempo que Yatra se dirigía a uno de sus soldados que se encontraba aun bebiendo y apostando, le hizo una señal que entendió de inmediato y ambos se dirigieron a la salida de la taberna.
 
—¿Pasa algo? ¿por qué no seguiste bebiendo? preguntó el soldado, que parecía tener cierta confianza con él.

—No es nada. ¿Recuerdas Aequoris?

—Claro ¿qué hay con ella?

—Al alba partiremos hacia allá.

—¿Otra misión?

—No tal parecía que su cabeza no estaba del todo clara sobre qué hacer, pero lo haría de todos modos
—. Saquearemos la ciudad.

—Espera, espera ¿cómo que un saqueo? ¿cómo demonios pretendes saquear una ciudad entera? su alteración era obvia ante lo que había escuchado.

—No será entera, no me tomes por chiflado.
 
Yatra se tomó un respiro y comenzó a explicarle todo lo que le había dicho aquella mujer, aparte de su motivación para ir a la ciudad. Según su pensar, algo como lo relatado parecía sacado de algún cuento que le dicen a los niños, pero no era la primera vez que escucha bajos rumores sobre Aequoris, el cómo sus habitantes debían sobrevivir ante un Señor que no les prestaba atención, pues estaba interesado en la guerra y nada más. Era posible que al final hubiese estallado una rebelión civil y, por un modo u otro, la ciudad haya caído por sus propios medios. Era una oportunidad para buscar motivaciones para su revolución, pero más que eso: equipo. El nivel militar del poblado por un tiempo fue bastante alto y si ahora estaba vacía, quizá, con algo de suerte podrían encontrar recursos y equipo que hayan dejado atrás sus habitantes, así que podrían ir y tomar lo que ya no era de nadie. Era factible, eso contando con el relato de una pobre señora.
 
—… Y es por eso que pretendo hacerlo.

—Sabes que estás loco ¿no? —no parecía del todo convencido. Hablaré con el resto, pero seguramente te acompañemos. Sabes que tienes nuestra lealtad.

—Lo sé muy bien y nunca abusaría de ella. No quiero convertirme en un tirano, como los Señores que tanto desprecio escupió al suelo.

—Y una vez tengamos el equipo, si es que lo obtenemos ¿iniciará todo?

—Sólo faltará la gente. Pero se nos hará mucho más fácil si logramos sacarle provecho a este rumor.
 
Luego de esta charla, ambos volvieron al interior de la taberna. Y así pasó la noche, los hombres rápidamente discutieron todos los pros y contras, finalmente decidieron partir a la ciudad portuaria de Aequoris al amanecer.
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Re: [ROLEO PRIVADO] Costa Negra

Mensaje por Entidad el Dom Jul 10, 2016 8:07 pm

Costa Negra - Parte II



Ya la luz del alba irradiaba los campos con sus cálidos rayos para cuando la tierra tronaba al galope de una treintena de caballos, montados por hombres impulsados a contribuir en una lucha que era totalmente ajena para ellos en un principio, pero que se había convertido en propia hace ya un tiempo. Cada uno cabalgaba raudo al sur, como si de ello dependiese el futuro… y es que, de cierta forma, así lo era.
 
El camino largo, la ruta entramada, pero siempre tirando fuerte al sureste, directo al corazón de Aequoris.
 
Luego de unas horas de cabalgar sin parar, por fin en el horizonte se abrían paso los altos tejados de la ciudad destino. Pero no podían entrar así como así, lo primero era asegurar la veracidad del rumor que los había llevado aquí en primer lugar. Todos los caballos se detuvieron, ansiando el merecido descanso luego de las largas horas pasadas. Uno de los jinetes caminó hasta una colina lo bastante alta para divisar dónde acababa el mar que estaba frente a ellos, de entre sus ropas un catalejo se hacía llamar, lo tomó y a través del cristal contempló perplejo el panorama. Hombres, mujeres y niños, desaparecidos, no había un alma en aquella ciudad o al menos eso era lo que parecía. De inmediato corrió a reportar lo visto a Yatra, mientras el resto de hombres descansaban sus piernas y preparaban el poco equipo que llevaban consigo.
 
—¿Y bien, Randy? —Yatra se encontraba evaluando los alrededores.
 
—Nada.
 
—Entonces era cierto.
 
—Hasta cierto punto, sí.
 
—¿Cierto punto? —una ceja se arqueó, curiosidad.
 
—Hay muchas carretas a las afueras y calles. Algunas inservibles, otras en perfecto estado. Demasiado perfectas.
 
—Parece que no hemos sido los únicos con la gran idea —suspiró de a poco, aunque mantenía las esperanzas de encontrar algo de valor en la ciudad, podrían haber más carroñeros que botín ahí—. Bien, partiremos en cinco minutos.
 
   La cabeza de Yatra se encontraba a la expectativa, imaginando panoramas a los que se podrían enfrentar ahí abajo. Saqueadores, bandidos, civiles desesperados, soldados guarecidos, cualquier cosa podría estar esperando en aquellas calles. Pero el botín, el botín era lo que movía sus engranajes; armas, equipo, recursos, cualquier cosa que se pudiese vender y sobre todo, un relato. El relato de la desidia traída por nada más y nada menos que por su propio Señor, quien con una mano les brindó un hogar y con la otra les abofeteó la cara. Ese relato sería una motivación, que aunado a otros relatos vividos en carne propia, serían el motor de una revolución.
 
Los caballos nuevamente se pusieron en marcha, apañando sus cascos contra la suave tierra de la costa rumbo a la entrada de la ciudad. Tal como Randy había señalado, aquel lugar era el yermo. Más que eso, un cementerio. Al estar lo suficientemente cerca, un olor nauseabundo atiborró los pulmones de los mortales, el aroma de la muerte misma se hacía con cada espacio y rincón de la ciudad y mientras más profundo ibas, más espeso era. ¿Cuántos días llevaban en aquel estado? las calles eran un caos, como si una turba de miles hubiese vuelto encima todo su resentimiento, un arrebato que se llevó las fachadas de cada edificio, cada almacén y cada pequeño quiosco. El puerto estaba incluso peor, se notaba cómo muchos perdieron sus barcos, seguramente defendiéndolos contra muchedumbres desesperadas. La ciudad se había consumido en sí misma.
 
A unos pocos metros de haber sido absorbidos por el caos de la ciudad, se dieron cuenta que esta no estaba tan vacía después de todo. Varias figuras se encontraban hurgando aquí y allá entre los restos. Apenas veían al pequeño grupo de jinetes, estos salían correteando cual cucarachas. Seguramente eran pobres o hasta antiguos pobladores que lo perdieron todo. No parecían ser amenaza, sin embargo, los puños se tensaban al escuchar los pasos de pies nerviosos y cuchicheos entre los callejones de las casas.
 
Cada uno dirigía sus ojos a lo que pudiese parecer de valor, el fuego y las mismas personas ya se habían llevado lo suficiente como para dejar sólo las migajas. Era algo increíble. Decidieron entonces repartirse en los corredores de la ciudad en grupos de diez, teniendo tres grupos en total. Uno se dirigiría al mercado, otro a los establos y el último a la armería, el que esperaban fuese el lugar más peligroso. Yatra dirigía ese grupo.
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Re: [ROLEO PRIVADO] Costa Negra

Mensaje por Entidad el Lun Jul 11, 2016 12:21 am

Costa Negra - Parte III





La cabeza de Yatra se encontraba a la expectativa, imaginando panoramas a los que se podrían enfrentar ahí abajo. Saqueadores, bandidos, civiles desesperados, soldados guarecidos, cualquier cosa podría estar esperando en aquellas calles. Pero el botín, el botín era lo que movía sus engranajes; armas, equipo, recursos, cualquier cosa que se pudiese vender y sobre todo, un relato. El relato de la desidia traída por nada más y nada menos que por su propio Señor, quien con una mano les brindó un hogar y con la otra les abofeteó la cara. Ese relato sería una motivación, que aunado a otros relatos vividos en carne propia, serían el motor de una revolución.
 
Los caballos nuevamente se pusieron en marcha, apañando sus cascos contra la suave tierra de la costa rumbo a la entrada de la ciudad. Tal como Randy había señalado, aquel lugar era el yermo. Más que eso, un cementerio. Al estar lo suficientemente cerca, un olor nauseabundo atiborró los pulmones de los mortales, el aroma de la muerte misma se hacía con cada espacio y rincón de la ciudad y mientras más profundo ibas, más espeso era. ¿Cuántos días llevaban en aquel estado? las calles eran un caos, como si una turba de miles hubiese vuelto encima todo su resentimiento, un arrebato que se llevó las fachadas de cada edificio, cada almacén y cada pequeño quiosco. El puerto estaba incluso peor, se notaba cómo muchos perdieron sus barcos, seguramente defendiéndolos contra muchedumbres desesperadas. La ciudad se había consumido en sí misma.
 
A unos pocos metros de haber sido absorbidos por el caos de la ciudad, se dieron cuenta que esta no estaba tan vacía después de todo. Varias figuras se encontraban hurgando aquí y allá entre los restos. Apenas veían al pequeño grupo de jinetes, estos salían correteando cual cucarachas. Seguramente eran pobres o hasta antiguos pobladores que lo perdieron todo. No parecían ser amenaza, sin embargo, los puños se tensaban al escuchar los pasos de pies nerviosos y cuchicheos entre los callejones de las casas.
 
Cada uno dirigía sus ojos a lo que pudiese parecer de valor, el fuego y las mismas personas ya se habían llevado lo suficiente como para dejar sólo las migajas. Era algo increíble. Decidieron entonces repartirse en los corredores de la ciudad en grupos de diez, teniendo tres grupos en total. Uno se dirigiría al mercado, otro a los establos y el último a la armería, el que esperaban fuese el lugar más peligroso. Yatra dirigía ese grupo.

 El camino a la armería no era agradable, la ciudad misma era una necrópolis, apenas un vestigio de lo que alguna vez fue. Sólo los demonios podían ser culpables de tan aberrante espectáculo de caos y carne en descomposición, un festín de cuervos. A medida que se acercaban a lo que antes fue el recinto principal del Señor regente, los cuerpos aumentaban, tal parecía que en algún punto, de entre la anarquía nació la organización y decidieron ir a por el culpable de todo esto ¿habrán logrado su cometido? Yatra sentía la inmensa curiosidad ir a responder aquella pregunta, pero la misión era lo principal.
 
Tres grupos, tres destinos vitales y de máxima importancia. En el mercado se encargarían de recolectar todos los bienes y recursos que pudiesen encontrar, sobre todo comida, ropa y calzado, el invierno se acercaba, así que no podrían sobrevivirlo sin estar preparados. Otro grupo se dirigía a los establos, donde deberían haber algunos caballos. Estos eran vitales para el desplazamiento en el continente, no podían empujar una revolución sólo con pies desnudos, necesitaban bestias para montar. Y por último, la armería, cuyo importe a la causa era obvio: armas y armaduras, todo lo que pudiese haber dentro era de ayuda. Como reserva se dejaría la casa del Señor regente, pero mientras más estaban en el lugar, más grandes eran los deseos de salir despavoridos de ahí.
 
—Tomen una de esas carretas. Llevémosla hasta la entrada —decía Yatra mientras caminaban hasta la entrada de la armería.
 
—¿Creen que haya alguien adentro? —la preocupación de uno de los soldados era palpable.
 
—Estoy seguro de ello —respondió otro.
 
—¡Pues que vengan! —gritaba eufórico uno más que se abría paso entre ellos a tropezones, mientras desenvainaba su espada— ¡venid todos, hijos de perra!

—Silencio —sentenció Yatra. Su rostro estaba muy serio, estaba consciente de que podrían estar a punto de atravesar la boca de un lobo, ahí dentro podrían haber otros saqueadores mejor preparados y armados que ellos. Los corredores de aquella armería podrían ser una trampa mortal—. Estén alertas.
 
Los puños se apretaron contra las empuñadoras de las armas, casi fusionándose con ellas. El ambiente era tenso, pesado, más no pararon de avanzar. Una vez dentro, se tomaron apenas unos segundos para inspeccionar rápidamente el recinto con la mirada. Era tal como lo esperaban. Los pasillos atestiguaban que no eran los primeros en estar ahí, sería difícil encontrar algo. Nada de lo que encontraban servía, bazofia tras bazofia, pero no pararon de buscar. El suelo de madera rechinaba a cada paso, como si se quejase del haber irrumpido en el edificio. Las espadas siempre al frente, con las espaldas bien cuidadas uno del otro, ojos alertas, oídos agudos, sentidos trabajando al máximo. Era una tortura.
 
Y de pronto, un grito rompió el perpetuo silencio.
 
Un pequeño hombre de no más de cuarenta años se avalanzó con espada en mano contra el último del grupo, por sorpresa, lástima que su torpeza era más grande que él. Por instinto, el soldado atacado se cubrió de inmediato, al mismo tiempo que uno de sus colegas en armas atravesó al enemigo como a un saco de trigo. El pobre cayó en el acto, con las mejillas ahogadas en sangre, con sus temblorosas manos intentando detener el río de sangre dejado por la herida. Cada uno miró asqueado la escena, pero era algo que no era sorpresa.
 
Sin perder el tiempo, casi inmediato, otros pasos se escucharon viniendo hacia ellos.
 
—¡Preparaos! —clamó uno de los soldados que estaba en uno de los extremos.
 
De uno en uno se dejaron ver, sucios, salvajes y por sobre todo, desorganizados. El grupo de Yatra se enfrentaba contra saqueadores que seguramente se habían hecho la falsa ilusión de un lugar propio. Estos a pesar de su aspecto, llevaban armas y armaduras de talla feudal, lo que les hacía enemigos más peligrosos.
 
Las espadas chocaron y la muerte no dejó de reclamar a sus primeros caídos. Cada uno de los soldados tenía que cuidarse de no ser atacado por sorpresa por la espalda, eran como ratas que salían de los agujeros en la pared, que a pesar del equipo, su preparación era fatal lo que les ponía en desventaja. Atacaban con todo, mazas, espadas, hachas y puñales, todo lo que pudo haber estado guardado en aquella armería, ahora era usado por estos fantoches. Era una lucha a muerte.
 
Yatra no podía permitirse quedar encerrado entre los pasillos, debía encontrar un lugar más amplio en el cual poder organizarse mejor, así que dirigió a los soldados como pudo hasta el campo de tiro. En el camino varios hostiles se presentaron ansiosos de sangre, con la ayuda de sus compañeros se les hizo relativamente fácil arreglárselas. Cuellos degollados, pechos perforados y otro número de heridas dejaron atestiguadas las espadas. Por fin en el campo de tiro, parecía que los pobres se dieron cuenta que no se enfrentaban a otro grupo como el suyo o a simples campesinos, sino a soldados algo más entrenados. Sin embargo, en su brutalidad, continuaron el ataque.
 
En un momento del combate, Yatra fue derribado por un obeso tipejo que pretendía golpearlo con un escudo hasta que no pudiese respirar más. Sus brazos soportaron uno tras otro los azorados golpes del gordinflón, sentía cómo sus antebrazos estaban a punto de ceder. Como pudo, logró llenar su puño de tierra para arrojársela a su atacante directo a los ojos, ganando así algo de espacio, el justo para ponerse en pie. Atontado y perplejo, sus manos por instinto buscaban una espada colgando de la cintura, pero ya hacía un buen rato que la había perdido cuando el corpulento hombre le golpeó. Aún algo desconcertado, llevó sus puños al frente, preparado para lo que se viniese. De inmediato la masa de carne se movió de nuevo contra él hecho fiera, sólo que esta vez por él esperaba el ya ensangrentado filo de una espada que le abriría su ancho estómago de un tajo.
 
—¡¿Estás bien?! —inquirió agitado un soldado, el mismo que le había salvado de una muerte segura.
 
—S-sí, lo estoy —estaba todavía desconcertado, absorto por la escena de tener encima a un hombre que lucha hasta el cansancio para matarte—. Gracias.
 
—Para nada, hombre. Harías lo mismo por nosotros —aseguró.
 
Para cuando eso, la mayoría de atacantes yacían en agonizantes en la tierra, mientras los otros escapaban vociferando maldiciones. Yatra aún se mantenía abstraído por la escena, sus brazos comenzaban a punzar de dolor a medida que la adrenalina bajaba. Para él era claro que no estaba preparado para luchar, no de esta manera y que esto apenas era el simple principio de algo más grande, debía estar mejor preparado cuando el momento llegase o él y su causa estarían perdidos.
 
Los soldados revisaban los cuerpos, en busca de alguno que se mantuviese en lucha por respirar para acabar rápidamente aquel sufrimiento. Nada era más tortuoso que estar imposibilitado de morir cuanto más se clama por ello. Cada uno se revisaba, algunos tenían raspones, cortes y laceraciones, ninguno salió completamente ileso, sólo que por suerte lucharon contra un grupo desorganizado de bandidos. De haber sido verdaderos combatientes entrenados, seguramente la historia habría tenido un crudo desenlace.
—Oigan, estas espadas están en buen estado y algunas armaduras se pueden usar todavía —señaló uno de los militantes.
 
—¿Estás hablando de saquear a los muertos? —incriminó un compañero.

—No es lo correcto, pero es verdad. Estos equipos se pueden usar —afirmó Yatra, inspeccionando los cuerpos—, algunos no están muy dañados. Y las armas están casi perfectas.
 
—Me niego a ello —respondió el hombre.
 
—Pues tú te negarás, pero tiene razón, necesitamos esto —impuso otro compañero que ya tomaba para sí un grueso escudo— ¿qué tal me queda?
 
Los rostros tensos y malhumorados se aflojaron dejando salir una pequeña risa, que dispuso a cada uno a entender que era necesario hacer algo que muchos podrían denotar como ofensivo y sin honor, pero, eran el enemigo y después de todo, ellos quisieron asesinarlos en primer lugar ¿no?
 
Al final de la tarde, la armería había sido recorrida entera por el grupo, encontrando algo más de equipo, armas y armaduras. No era el número que esperaban, pero servían aun así. Dispusieron de una carreta abandonada para cargar con todo, para entonces volver al centro de la ciudad donde les deberían estar esperando los otros dos grupos. Sólo podían rezar a los Dioses para que ellos estuvieran bien o al menos no tan golpeados como ellos.
 
Para alivio de todos, el encuentro en la plaza central se dio según lo acordado. En su mayoría estaban bien, aunque golpeados y cansados. El grupo de Yatra no había sido el único que se encontró con bandidos armados, pero no fue nada para lamentar.
 
—Ya casi anochece, es mejor que nos movamos de este pútrido lugar —recomendaba uno de los soldados con más años.
 
—Sí, tiene razón, larguémonos de aquí. No hay nada más que salvar.
 
Aunque ya habían recorrido gran parte de la ciudad, algunas zonas no fueron evaluadas, sobre todo el recinto feudal. Pero, era de esperarse que no hubiera nada allí, ya que sería el primer lugar a donde iría cualquier desesperado en busca de joyas o algún objeto de valor dejado por el antiguo Señor de estas tierras. Muerto o no, esos objetos ya habrán desaparecido, era mejor no arriesgarse a más combates por nada.
 
Entonces, cuatro carretas eran guiadas celosamente por una treintena de hombres armados, que volvían a campo abierto con más de lo que tenían al haber llegado. Armas, armaduras de varios tipos, equipo militar y de supervivencia, alimentos, bienes primarios, medicinas y algunas otras cosas eran cargadas servilmente por carros. ¡Incluso encontraron caballos nuevos y frescos! no en gran cantidad, pero eran unos cuantos que al parecer mucha gente ignoró. Si bien no era todo lo que habían esperado encontrar, no se fueron con las manos vacías, había suficiente para mantener a cincuenta personas por al menos un par de semanas hasta encontrar más recursos. Además de que tenían nuevos medios para agilizar el viaje haciéndolo más cómodo, fácil y rápido. No había sido un viaje en vano.
 
Al salir de las calles, algunos echaron la mirada atrás, apreciando los últimos vestigios de una ciudad que alguna vez fue un gran puerto comercial. ¿Cómo era posible que terminase en esto? ¿justicia divina o tan simple como el descaro de la nobleza que sacrifica a su gente como ganado? eran preguntas sin respuestas, lanzadas al vacío en un intento por buscar justificación. Quizá, Lord Caster Neal a la final sobrevivió, de alguna forma, pero era seguro que alguien se encargaría de hacerle pagar caro lo sucedido en esta ciudad. Yatra no podía atribuirse aquel deber, sería aspirar demasiado alto, puesto que habían cosas más importantes en la lista. Ergo, alguien se lo haría pagar, si es que su pútrida carne ya no estaba siendo consumida por los gusanos.
 
Sólo el tiempo podría dar sentencia. Mientras tanto, los preparativos de una revolución estaban casi listos… pronto, una nueva llama ardería en Casthalan.

________________________________________________________________

Lo que se busca en este roleo (todo esto es subjetivo y no se dan cantidades específicas, dependerá del que evalúe el roleo):

-Armaduras, armas y equipo militar de cualquier tipo.
-Caballos para montar.
-Comida, recursos, ropa y algo de dinero.


El autor está consciente de que las acciones aquí relatas pueden repercutir en el honor y renombre.
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Re: [ROLEO PRIVADO] Costa Negra

Mensaje por Zaojeth el Lun Jul 11, 2016 10:46 am

YATRA OBTIENE:

* 1 Mandoble pesado de calidad señorial
* 10 Espadas largas forjadas en castillo
* 3 Hachas ligeras forjadas en castillo
* 4 Petos de falange
* 2 Pares de grebas de falange
* 3 Cotas de malla para caballo
* 2 Caballos de Althemyr
* 1 Caballo de Insolari
* 1294 coronas de plata

CONSECUENCIAS POLITICAS:

- 24% de honor
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Re: [ROLEO PRIVADO] Costa Negra

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