PRÓLOGO [Darien Fenrak]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

PRÓLOGO [Darien Fenrak]

Mensaje por Zaojeth el Dom Dic 06, 2015 9:10 pm

Darien Fenrak
Invierno, 6 de Jenaru del año 2530 DGD


Un sonido ensordecedor resonaba en la cabeza de Darien al paso que un par de brazos lo sujetaban con fuerza y lo arrastraban por un largo túnel oscuro, a duras penas se mantenía consciente durante esos momentos. Tenía un fuerte escozor en las extremidades, principalmente en los pies, lo último que recordaba era haber estado corriendo por el bosque seguido de unos hombres encapuchados con espadas. Un pequeño hilo de sangre recorrió su cara, con una sensación tan cálida que durmió el frío que sentía en su espina dorsal; casi de inmediato se desmayó.

Durante su inconsciencia, se vio a si mismo sentado en sus aposentos en el poblado de Asta Dorada, un pequeño poblado donde se había asentado por su ligera elevación para poder estudiar los astros. El desorden de la habitación era evidente, reflejaba completamente su personalidad. Muchas de las personas en Asta Dorada le consideraban un profeta, pues gran parte de las predicciones climatológicas que hacía debido a la posición de las estrellas se cumplían, tal renombre hizo crecer su reputación y fama al punto de convertirlo en una celebridad de aquél lugar. Darien se levantó y se acercó a su ventana, con un marco de madera bastante desgastado, en donde pudo presenciar un brillo carmesí incandescente alumbrando por el cristal. Un sol rojo se cernía sobre el horizonte inspirando terror en todo Altheros.
Debido a sus estudios como erudito y fiel creyente del Luxenato de Agmar, previamente había logrado determinar que era un fenómeno natural llamado luna de sangre, haciendo que la luna se tornase roja justamente la noche del 6 de Jenaru del año en curso, aunque para los creyentes del Luxenato, una luna roja solo significaría una cosa; sangre de los impuros. Ahora todas las cosas se esclarecían en su cabeza, los Caballeros de la Luz le habían buscado por la profecía que había realizado; querían su cabeza por herejía.

- ¡Arriba, gusano! - rugió uno de los caballeros de la luz que hacían guardia al paso que acertaba una bofetada en la cara del débil Darien

El estruendo y el golpe hizo que Darien abriera los ojos como platos. Se encontraba en una habitación totalmente sumida en las sombras con paredes de piedra agrietadas al paso de los años. A lo largo de la habitación se encontraban varios grilletes en las paredes con prisioneros encadenados a ellos, la mayoría de ellos simplemente restos de los hombres que alguna vez fueron. Observó su cuerpo débil, cubierto únicamente por los harapos que solían ser sus finos atuendos, y que ahora debajo de ellos solo habían moretones y sangre.

- ¿Dónde... estamos...? - preguntó de una forma muy débil el erudito mientras se acomodaba con bastante dificultad en los grilletes que le tenían encadenado a la pared, sus manos se encontraban irritadas por la presión que ejercía el oxidado metal sobre su piel

- No te importa en dónde estemos, lo más seguro es que no pases de esta noche. Los herejes no tienen merecida una penitencia por el Padre Sol, aunque infortunadamente las leyes del reino nos obligan a hacerte un juicio para decidir tu culpabilidad, pero te aseguraré algo, no perderemos el tiempo juzgando lo evidente - contestó el caballero, y soltó los grilletes de Darien en algunos movimientos, haciendo que este cayera al suelo sin más.

- Maldición... ayúdame... me encuentro muy débil - suplicó el erudito mientras tendía su mano al caballero de armadura dorada y blanca, quien de mala gana le tomó y le ayudó a levantarse, posteriormente colgó su brazo en la espalda y comenzó su marcha a través de un largo corredor en penumbra, probablemente por el mismo en donde habían introducido a Darien inconsciente al calabozo, donde solo se visualizaban pequeños destellos de antorchas a lo lejos. - ¿El rey va a juzgarme? - preguntó el profeta.

- Nuestro monarca, Varen Thal no tiene tiempo para juzgar a la escoria. Ha dado la orden de ejecutar a todos los prisioneros bajo el consentimiento del Sabio Yolen. Supongo que el Maestre Alek estará con él, así que no tendrás un juicio lento, él prefiere atender asuntos militares y no a basura - contestó el caballero escupiendo a los pies de Darien y prosiguió caminando a través del corredor.

¿Era ese el final, allí acababa todo? Después de tantos años de estudio iba a ser exterminado como sí se tratase de una escoria para el reino, y peor aún, sin ser recordado de ninguna manera después de todo lo que había compartido y enseñado durante su vida. Las cosas no podían ser de ese modo, tendría que haber alguna forma de librarse del castigo, los Caballeros de la Luz eran una organización bondadosa, no asesinos a sueldo.

Tras un par de minutos de caminata, salieron de la mazmorra hasta llegar a un salón exquisitamente decorado, probablemente la cúpula mayor de una catedral en donde podía entrar la luz a través de cristalería con un hermoso acabado. En el centro de la sala se encontraba un mosaico de Agmar el Iluminado hablando con el sol. En el mosaico se podía observar un pequeño relieve interior en los rayos que rodeaban a la figura del sol. En las orillas de la sala se podían apreciar vasijas de oro con gemas preciosas, y varios miembros de los caballeros de la luz custodiando el lugar con una firmeza que los hacía parecer casi estatuas.

- Darien Fenrak, profeta de Asta Dorada, bienvenido seas a la Capilla de la Luz en la villa de Luz de Agmar, he escuchado hablar mucho de ti, Fenrak - dijo una voz gruesa y rasposa al paso que varias pisadas se escuchaban accediendo a la sala.

Tras unos momentos un hombre de barba negra tupida, ojos color azabache con el cabello largo y oscuro hasta los hombros y una armadura dorada con blanco con el emblema de los Caballeros de la Luz y la Casa Fayt salió acompañado de un anciano encorvado de cabello escaso color blanco en forma de corona que vestía una túnica con un emblema del sol elaborado artesanalmente colgando de su cuello.

- Sí, sí... tráiganme al profeta... - el anciano se sentó con una sonrisa intimidante de oreja a oreja en un pequeño trono de madera en la esquina superior de la sala. La madera crujió en el momento en el que el hombre se posó en dicho lugar.

Tras dar la orden, el caballero que le había traído desde la mazmorra inmediatamente posicionó a Darien en donde la luz se hacía presente a través de los cristales, justamente en el mosaico de Agmar. El caballero de la casa Fayt se colocó en el acto al lado del anciano y descolgó un pergamino, el cual posteriormente desenrolló y comenzó a leer en voz alta.

- Darien Fenrak, se te acusa del abuso de tu postura diplomática para el chantaje del pópulo, practica de artes prohibidas, herejía, transmisión de conocimientos y técnicas no autorizadas por la ley de nuestro reino, huir de la justicia y desacato a las órdenes del rey. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?

No había mucho tiempo, las acusaciones eran serias y estaban siendo leídas por un miembro de la Casa Fayt, una de las más honorables y veneradas por los Thal, teniéndolos en alta estima, sí negaba los cargos, entonces moriría en deshonra, así que probablemente podría salvar su cuello con algo de carisma.

- Maestre Alek Fayt, sí no me equivoco. Que el Padre te bendiga a ti y a tu Casa. - comenzó Darien manteniéndose firme. Alek se miraba complacido por su cortesía, aunque no del todo convencido por el hombre, sin embargo asintió a las palabras de Darien, mientras que el anciano se acomodaba en su trono y le clavaba la mirada al erudito como sí fuese un puñal que atravesaba su alma - Al igual que a usted, Sabio Yolen, que la Madre te colme de bendiciones durante esta noche y... - las palabras de Darien fueron cortadas en seco mientras el anciano se paraba gritando maldiciones y caminando hacía él.

- Maldito seas, Fenrak. Hemos venido a juzgarte, no a escuchar plegarias a nuestro dios. Maestre Alek, ejecute a este hombre inmediatamente, no deseo perder más tiempo escuchando a un hereje hablar de fé - ordenó el Sabio Yolen observando fijamente al sentenciado. El Maestre Alek se mantuvo escéptico y dubitativo ante las ordenes del anciano, posteriormente colocó su mano en el mango de la espada que colgaba desde su cintura y se dirigió lentamente hasta Fenrak.

- Maestre Fayt, le pido que escuche lo que tengo que decir, y que lo haga con sabiduría y no se deje influenciar por aquellos que solo desean verme morir esta noche - pidió el condenado observando a Alek Fayt fijamente

- Tonterías, mátalo de una vez, capitán - insistió el sabio mientras gruñía como una fiera haciendo una rabieta que le hacía parecer un niño pequeño tratando de conseguir sus caprichos. Alek frunció el ceño y su expresión se tornó disgustada debido a la actitud del anciano.

- Silencio Yolen, puede que tú estés haciendo el juicio en el nombre del Padre, pero aquí el que tiene la espada en mano soy yo - dijo con firmeza Alek Fayt mientras observaba al anciano con ojos iracundos, haciendo que este mismo se mantuviera en silencio, aunque apunto de hacer otro coraje, posteriormente dirigió su mirada hacía Darien - Habla ahora sí no quieres que tus palabras se ahoguen en sangre.

Varios de los presentes en la sala se quedaron atónitos, pues nadie había osado desafiar a las palabras de Yolen desde hacía mucho tiempo. Fenrak supo que ese era el momento adecuado para actuar; probablemente podría utilizar la supuesta profecía para manipular la suerte a su favor, pues el momento de la llegada de la luna de sangre sería pronto, y probablemente podría utilizar el momento para manipular a los caballeros a su favor. Retomó rápidamente la compostura y seguido de ello se preparó para volver a hablar.

- Se lo agradezco, mi lord. Durante mis años de estudio en Asta dorada nunca había presenciado nada similar. Los astros indican que el Padre se encuentra sumamente furioso con nosotros y exige sangre para poder saciarse y que todo vuelva a estar en paz. Exige sangre hasta que todos y cada uno de los culpables de la maldad del mundo sean eliminados. Lo he visto, mi lord, un sol rojo se alzará hasta quemarnos vivos a todos sí no le rendimos sacrificio a nuestro señor - concluyó Darien Fenrak mientras miraba fijamente al capitán.

- Escúchalo Alek, simplemente quiere venderte sus falsedades para ver si puede salvar su pellejo, mátalo de una vez, te dije que solo te haría perder el tiempo - gritaba el anciano entre gemidos y ríendo a carcajadas en señal de burla al profeta y al maestre, quien negó con la cabeza durante un instante y volvió a colocar su mano en el mango de la espada con intención de desenvainarla para terminar con el juicio de una vez por todas.

De un momento a otro, una luz roja entró por la cristalería del techo de la capilla, alumbrando toda la capilla en un color carmesí que la hacía parecer el mismo infierno. Todos los caballeros de la luz se posicionaron en forma defensiva, desenvainando sus armas, pues el miedo se había clavado en sus corazones como sí fuese la daga más afilada. Era un fenómeno nunca antes visto por cualquiera de los presentes en la sala. Yolen se quedó boquiabierto ante ello y comenzó a temblar, incándose y pidiendo piedad al padre.

La habitación entera se encontraba en silencio, todos los caballeros esperaba una muerte segura ante la ira del Padre, excepto Darien, quien sabía que simplemente era un fenómeno natural y se valió de la distracción ocasionada por el mismo. Desenfundó la daga auxiliar que el Maestre Alek llevaba en el jubón y con las pocas fuerzas que le quedaban cortó la garganta del anciano en un movimiento fluído. La sangre brotó por el cuello de Yolen como sí fuera un río. Estaba estupefacto ante la situación. Cuando el cuerpo cayó, pasados un par de segundos el suelo se tornó color rojo, y debido al relieve de la sala, la sangre se posicionó justamente en el sol, corriendo a través de sus rayos. Justo después de unos instantes cuando la figura del sol estaba completamente llena de sangre, la luz desapareció dejando a todos los miembros de los caballeros anonadados. Todos se miraban los unos a los otros, pero nadie se atrevía a decir nada, hasta que Fenrak rompió el silencio

- Este es el poder que el Padre tiene y la única forma de saciarlo. Soy el elegido y bendecido por su misericordia para purgar este mundo de maldad. Desde este día, yo seré el Gran Maestre de tu orden, Maestre Alek, pues el padre así lo desea, incluso sobre las órdenes de tu rey quien desconocerá de mi existencia al igual que todo Casthalan por la seguridad de los propósitos que tiene el Padre para con sus hijos. Tú seguirás todas mis indicaciones y las obedecerás sin cuestionamiento alguno o desataré la ira de nuestro dios sobre todos los mortales. Desde este día, me conocerán como El Renacido, su supremo señor e hijo en carne de su dios - concluyó el erudito.

Todos los Caballeros de la Luz presentes en la sala se quitaron el casco y se arrodillaron ante su nuevo señor; tiempos oscuros se avecinaban para toda Casthalan.
avatar
Zaojeth
Administrador
Administrador

Nobleza

Mensajes : 341
Fecha de inscripción : 21/11/2015
Edad : 21
Localización : Altheros

Ver perfil de usuario http://talesofaltheros.foroactivo.mx

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.